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Decreto Supremo que aprueba controles especiales para las actividades de comercialización de hidrocarburos que pueden ser utilizados en la minería ilegal en el departamento de Madre de Dios y zonas aledañas
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DECRETO SUPREMO QUE APRUEBA EL REGLAMENTO DE LA LEY N° 32412, LEY QUE ESTABLECE MEDIDAS DE CONTROL Y DE FISCALIZACIÓN EN LA DISTRIBUCIÓN, EL TRANSPORTE Y LA COMERCIALIZACIÓN DE INSUMOS QUÍMICOS SUSCEPTIBLES DE USO EN LA ACTIVIDAD MINERA Y EN LA MINERÍA ILEGAL
El Perú vuelve a quedar frente a una amenaza conocida, pero cada vez más peligrosa: El Niño. Esta vez, el temor no solo está en la llegada de lluvias intensas o en el calentamiento anómalo del mar, sino en la posibilidad de que el evento alcance una magnitud capaz de poner en jaque a la infraestructura, la agricultura, la salud pública, el transporte, la pesca y la economía nacional.
El ENFEN mantiene el estado de “Alerta de El Niño Costero” y ha advertido que el calentamiento frente a la costa peruana podría prolongarse, mientras el Senamhi sigue monitoreando sus impactos sobre temperatura, lluvias y condiciones atmosféricas. A nivel internacional, la NOAA informó que El Niño ya se formó y que podría intensificarse hacia un nivel moderado o fuerte durante los próximos meses. El dato es grave porque el Perú no enfrenta El Niño desde una posición de fortaleza. Lo enfrenta con quebradas vulnerables, ríos sin suficiente mantenimiento, ciudades expuestas, carreteras frágiles, sistemas de drenaje insuficientes y regiones que todavía cargan las cicatrices de eventos anteriores. NO ES SOLO LLUVIA: ES UNA CADENA DE DESTRUCCIÓN Cuando El Niño golpea al Perú, el daño no aparece de una sola forma. Primero llega el aumento de la temperatura del mar, luego cambian los patrones de lluvia, se activan quebradas, crecen los ríos, se producen desbordes, colapsan vías, se pierden cultivos y empiezan los impactos sanitarios. En la costa norte, especialmente en Piura, Tumbes, Lambayeque y La Libertad, el riesgo suele estar asociado a lluvias extremas, inundaciones urbanas, pérdida de viviendas, interrupción de carreteras y daños en infraestructura básica. En la sierra, las lluvias intensas pueden provocar deslizamientos, huaicos y aislamiento de comunidades. En la selva y zonas agrícolas, los cambios de humedad y temperatura pueden alterar plagas, enfermedades y disponibilidad de agua. El peligro mayor es que El Niño no actúa como un desastre aislado. Puede golpear varios sectores al mismo tiempo. Una carretera destruida impide sacar productos agrícolas. Un canal dañado afecta el riego. Una ciudad inundada presiona al sistema de salud. Una planta de agua comprometida eleva el riesgo de enfermedades. Un puerto con problemas retrasa exportaciones. Así, el fenómeno climático se convierte rápidamente en crisis económica y social. EL PERÚ YA SABE LO QUE PUEDE PASAR El país tiene antecedentes durísimos. El Niño de 1982-1983 y el de 1997-1998 dejaron pérdidas económicas severas, afectaron infraestructura, redujeron producción y obligaron al Estado a reasignar recursos para atender emergencias. Reportes técnicos sobre el impacto del Fenómeno El Niño en regiones del norte recuerdan que esos episodios golpearon especialmente a Piura, Lambayeque y La Libertad, zonas altamente vulnerables por su exposición a lluvias extremas y desbordes. El Niño Costero de 2017 volvió a mostrar la fragilidad del país. Las lluvias, huaicos e inundaciones dejaron fallecidos, heridos, desaparecidos, miles de damnificados y enormes daños en viviendas, colegios, centros de salud, puentes y carreteras. INDECI reportó cifras graves durante esa emergencia, que impactó con fuerza en la costa norte y centro del país. La advertencia es evidente: si un evento de menor duración como el de 2017 pudo paralizar regiones enteras, un episodio más intenso o más prolongado podría generar un impacto mucho mayor. AGRICULTURA Y AGROEXPORTACIÓN EN LA PRIMERA LÍNEA Uno de los sectores más expuestos es el agro. Más de US$ 8,000 millones en envíos agrícolas podrían quedar bajo amenaza si El Niño altera cultivos clave como uvas, arándanos, paltas, mangos y cítricos. El problema no es únicamente que se pierdan hectáreas por inundación. El daño puede ser más silencioso: menor floración, caída de rendimiento, fruta con peor calibre, pérdida de firmeza, aparición de hongos, mayor descarte y rechazos en destino. En arándanos, las variaciones de temperatura y humedad pueden afectar floración, calidad y vida poscosecha. En uva de mesa, las lluvias fuera de temporada pueden provocar rajado, pudrición y pérdida de condición comercial. En mango y palta, el estrés hídrico o térmico puede golpear productividad y calidad exportable. Esto significa que El Niño no solo amenaza al productor. También amenaza empleos rurales, plantas de empaque, transporte, cadenas de frío, puertos, proveedores, recaudación y contratos internacionales. Un golpe climático fuerte puede convertirse en un golpe directo a la economía regional. PESCA, SALUD Y CIUDADES TAMBIÉN ESTÁN EN RIESGO El calentamiento del mar afecta la distribución de especies marinas, especialmente la anchoveta, clave para la industria pesquera peruana. Cuando cambia la temperatura del océano, los cardúmenes pueden desplazarse, profundizarse o reducir su disponibilidad, afectando desembarques, plantas industriales y empleo vinculado al sector. En salud pública, el riesgo también crece. Lluvias intensas e inundaciones pueden favorecer enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias, problemas dermatológicos y brotes asociados a agua contaminada. Además, el incremento de humedad y calor puede ampliar condiciones favorables para vectores como el zancudo transmisor del dengue, especialmente en zonas urbanas con acumulación de agua. Las ciudades, por su parte, enfrentan un problema estructural: muchas han crecido sin planificación suficiente, con viviendas en zonas inundables, drenajes colapsados y cauces ocupados. El Niño no crea toda la vulnerabilidad; la revela. EL VERDADERO ESCÁNDALO ES LA FALTA DE PREVENCIÓN El Perú no puede decir que El Niño lo toma por sorpresa. Hay historia, alertas, mapas de riesgo, informes técnicos y experiencia acumulada. Sin embargo, cada evento vuelve a mostrar obras inconclusas, defensas ribereñas insuficientes, quebradas sin limpieza, drenajes urbanos débiles y autoridades reaccionando cuando la emergencia ya empezó. Si el evento que viene alcanza una intensidad superior a la esperada, el país no solo enfrentará lluvias. Enfrentará el costo de años de improvisación. El peligro no está únicamente en el mar caliente, sino en un Estado frío para prevenir. UN PAÍS EN ALERTA ANTES DEL GOLPE El Niño que viene debe tomarse como una amenaza nacional. No basta con esperar comunicados técnicos. Se necesita acelerar prevención en ríos, quebradas, canales, carreteras, colegios, centros de salud, sistemas de agua, zonas agrícolas y ciudades vulnerables. El Perú ya vio lo que ocurrió en 1983, 1998 y 2017. Esta vez, la pregunta es más dura: si el fenómeno crece y se convierte en uno de los más fuertes de las últimas décadas, ¿el país está preparado para resistirlo o volverá a contar muertos, pérdidas y promesas de reconstrucción? FUENTES:
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